Tras nuestra primera noche disfrutando de la comodidad de nuestras tienda, en la que el descanso fue interrumpido unas veces por el tintineo de la lluvia, y otras por la punzante presencia de alguna piedra situada estratégicamente debajo de nuestro lecho, nos despertamos con el bullicio del campamento.
Tras el oportuno aseo, y un consistente desayuno, emprendemos la marcha, desde Machame Hut a 3100 metros, con paso firme y fuerzas intactas. Pronto vemos desaparecer la vegetación que nos acompaño el día anterior, tras un pequeño y desértico valle, la pendiente se agudiza por un rocoso barranco.
El sol pronto nos abandona y deja paso a un inmenso mar de nubes que emergen desde el valle y ascienden por las paredes por las que nos movemos. Pero antes nos deja disfrutar en el horizonte de la impresionante vista del Monte Meru a un lado, y al otro y mucho más cercana, la desafiante cara este de nuestro objetivo, el monte Kibo.
Al poco tiempo es el mismo Kibo quien nos aclara que la niebla y la lluvia serán compañeros inseparables de viaje. Tras unas 6 horas de ascensión llegamos empapados a Shira Hut a 3810 metros, con una ligera jaqueca, que pronto desaparecerá con ayuda de nuestro fiel Ibuprofeno.
Conscientes de que ya estamos en altura y aclimatando, pasamos la tarde tranquilos disfrutando de las vistas cuando las nubes lo permiten. Tras disfrutar de una cena enriquecida considerablemente por jamón ibérico y queso manchego, y después del oportuno te de agua sucia, charlamos con nuestro guía sobre la siguiente etapa y nos retiramos a nuestras tiendas a dormir acunados de nuevo por el sonido de la lluvia.
Enrique Vicario
lunes, 22 de marzo de 2010
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